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Reforzar tu autoestima: Desarrolla tu asertividad

“Ser pasivo es dejar que otros decidan por ti.
Ser agresivo es decidir por los demás.
Ser asertivo es decidir por ti mismo”.
Edith Eva Eger

¿Eres una persona asertiva?

Veamos si te reconoces en las siguientes situaciones:

  • Dejas que otros decidan por ti para no crear conflictos.
  • No expresas tu opinión por temor a estar en desacuerdo y ser mal juzgado.
  • No tomas la iniciativa, incluso en situaciones que se refieren a ti.
  • Pones a los demás primero, anticipando sus necesidades y deseos, mientras dejas de lado los tuyos.
  • Te sientes incapaz y dependiente de los demás para seguir adelante.

La autoestima refleja la relación que uno tiene consigo mismo. La asertividad implica cómo nos relacionamos con los demás. En particular, refleja nuestra capacidad de mostrarnos tal como somos en la relación con los demás. La dificultad aparece cuando uno tiene una baja autoestima y, por lo tanto, una baja percepción de su valor personal.

¿Qué es la asertividad?

La asertividad, o actitud afirmativa, significa saber cómo expresar claramente su opinión, sentimientos y necesidades. Se basa en el reconocimiento y la aceptación de su propio valor y en el sentimiento de ser un individuo tan valioso como todos los demás. Esto permite expresar sus propias emociones, pensamientos y opiniones directa y honestamente, y defender sus propios derechos, respetando los de los demás.

Ser asertivo/a es tomar el control de su propia vida.

Todos tenemos necesidades y derechos, y respetarlos comienza con uno mismo.
No expresar claramente lo que sentimos o lo que pensamos, activa en nosotros un malestar, que refleja una mezcla de culpa, frustración, ira. En última instancia, una sensación de falta de control sobre la propia vida.
Por el contrario, tener una actitud afirmativa es demostrar que reconocemos y respetamos nuestros talentos, sentimientos y necesidades propias. En definitiva, permite tener el control sobre la propia vida.

Ser asertivo también es hacer valer los propios derechos

Al ser asertivo, reconocemos nuestra legitimidad para hacer valer nuestros derechos: a tener una opinión y expresarla, a sentir emociones y expresarlas, a tomar sus propias decisiones y asumir sus consecuencias, a decir «no», a decir «no sé”, a cambiar de opinión, etc. Ser asertivo no significa «decir no» al otro, sino «decir sí» a uno mismo.

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¿Pasivo, agresivo o asertivo?

Los psicólogos Wolpe y Lazarus, pioneros en terapias comportamentales, nos proponen diferenciar 3 tipos de posición en las interacciones con los demás, según la capacidad de respeto y decidir por sí mismo.
El tipo pasivo (o sumiso), que refleja una falta de respeto propio que se manifiesta por una dificultad para decidir por sí mismo
El tipo agresivo, que se manifiesta por una falta de respeto por el otro que se observa a través de la tendencia a decidir por los demás.
El tipo afirmativo o asertivo, que refleja el respeto propio y el respeto por los demás, es decir, decidir por uno mismo.

El tipo pasivo

La persona pasiva se comporta con los demás guiándose por sus miedos: miedo a ser rechazado, desaprobado o lastimar a los demás. Básicamente:

  • No expresa sus necesidades, sus opiniones, sus emociones.
  • Evita el conflicto.
  • No toma iniciativas.

Al tener una autoestima baja, la persona de tipo pasivo espera a que el otro le confirme su valor y lugar en la vida. De una cierta forma, valora como más seguro el callarse que arriesgarse a una respuesta negativa del otro…
A menudo siente que sus necesidades no están siendo satisfechas o que los que la rodean se están aprovechando de ella. Siente frustración, insatisfacción, culpa y desarrolla una sensación de impotencia que puede conducir a la depresión, el insomnio, incluso generar problemas de salud.

El tipo agresivo

La persona de tipo agresivo también se comporta con los demás desde el miedo. En este caso, el miedo a no ser reconocido activa la necesidad de reclamar el lugar que considera que le corresponde. Al hacerlo:

Está centrada en sí misma e insensible a las ideas, sentimientos y necesidades de los demás.
Satisface primero sus necesidades, a veces en detrimento de otros.

Interactúa de una manera conflictiva, violenta o irrespetuosa.

Una persona de tipo agresivo siente mucho estrés, culpa e incomodidad. De hecho, la satisfacción obtenida por la imposición a corto plazo de la propia necesidad a menudo genera problemas relacionales (conflictos repetidos, rupturas de relaciones, aislamiento, daño a la autoestima).

El tipo asertivo

La persona de tipo asertivo interactúa con el otro desde la conciencia y el reconocimiento de su propio valor. En este sentido, no actúa ni por miedo al rechazo del otro, ni en la necesidad de imponerse. Por lo tanto:

  • Conoce sus necesidades y deseos.
  • Sabe cómo expresar sus sentimientos claramente con respeto hacía los demás.
  • Es auténtica, abierta, directa, flexible.
  • Es capaz de comprometerse.

Una persona afirmativa demuestra una buena autoestima que le permite asumir la plena responsabilidad de satisfacer sus necesidades con respeto hacía los demás. Por lo tanto, tiene relaciones satisfactorias que a su vez fortalecen su autoestima.

Afirmarse a sí mismo no significa faltarle el respeto al otro, sino coger su sitio mientras deja que el otro coja el suyo.

¿Cómo desarrollar tu asertividad?

¿Por qué a veces es tan difícil mostrarnos tal como somos, afirmarnos? El ser humano tiene dos necesidades básicas contradictorias: la necesidad de aprobación y la necesidad de afirmación. Pero afirmarse es atreverse a pedir y asumir la posibilidad de una negativa. Requiere superar sus miedos, a molestar, a llamar la atención, a expresarse mal, a crear un conflicto, a lastimar al otro, a ser rechazado.
Entonces, ¿cómo desarrollar su asertividad?

Entrénate a diario

¿Cómo hacerlo? La necesidad de afirmación es omnipresente en las relaciones y nos enfrenta a una multitud de situaciones cotidianas que son invitaciones a practicar el desarrollo de una actitud asertiva. Estos son algunos ejemplos:

  • Atréverte a pedir cuando lo necesitas (aceptando que el otro pueda negarse y superando el miedo a demostrar que no estás, tu sólo, a la altura de la tarea).
  • Rechazar solicitudes y saber decir No (respetando tus necesidades y aceptando disgustar al otro).
  • Expresar tus sentimientos (ser sincero y auténtico).
  • Aceptar cumplidos o expresiones de afecto (y aceptar merecerlos).
  • Criticar o expresar tu enfado o ira cuando sea necesario (expresar sentimientos y asumir el riesgo de conflicto).
  • Lidiar con las críticas o el enfado de los demás (comprender y asumir la responsabilidad de cada uno en la situación).
  • Terminar la discusión cuando la conversación esté bloqueada (dejar de tener razón y saber cómo salir de una situación que se atasca).

Desafía tus miedos

Observarás a través de esta invitación a practicar una actitud asertiva, que lo principal es desafiarte a ti mismo para superar tus miedos. Un miedo es una proyección inconsciente de lo que podría suceder en el futuro, que sientes y vives como si fuera real. Al hacerlo, comienzas a sufrir en el presente por algo que aún no ha sucedido y a menudo, te desanimas… Por lo tanto, no importa lo que activa tus miedos, lo importante es ser consciente de ellos, atreverte a enfrentarlos y ¡actuar!

Sé tú mismo

La asertividad consiste, por tanto, en una actitud que nos permite ser autónomos: una persona que se afirma habla de sí misma, de sus sentimientos, de sus necesidades y de sus derechos.
Es una actitud que se desarrolla en contacto con los demás y se aprende a lo largo de la vida. Una persona que se afirma cree en su valor y sus ideas. Al mismo tiempo, la asertividad fortalece la autoestima.

«Ser asertivo no significa hablar alto y claro,
sino hablar franco y verdadero»
– Serge Tracy.

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